el Valle de Sensaciones

Cuerda sonora espacial

Una cuerda musical de más de 50 metros de largo pasa por el punto central. Está fijada a un eucalipto que se encuentra en el otro lado del valle. Su vibración pasa por la barra de aluminio y llega al espacio de resonancia de cinco esquinas.
Esta cuerda es tan larga que su tono, o sea su vibración, es muy lenta y el oído humano no la puede percibir, si bien el ojo sí puede ver el movimiento. Además de su tono de base, las cuerdas generan armónicos. Éstos surgen de las ondas que se producen en los segmentos de la misma cuerda, que suenan en una frecuencia mayor. La sucesión de armónicos se alarga hasta el infinito, por lo que desde la antigüedad éstos se han considerado como la escalera hacia la eternidad perceptible por los sentidos. Así que esta cuerda espacial tan larga no nos ofrece su tono base, sino, con mucha más fuerza, nos ofrece sus armónicos. Cuanto más se alejan los armónicos del tono base, más cerca están unos de otros y generan así esa sonoridad especial e indefinible, que contiene mundos enteros de tonos cromáticos y espacios sonoros. Nos invitan a volar con ellos hacia el infinito.

El viento hace vibrar esta cuerda espacial. Si pones tu oído en la barra de aluminio o, mejor todavía, sobre la plancha de madera puedes oír su tono amplificado.
También puedes tocar la cuerda con el palo colocado al lado con este propósito, y según toques la cuerda de una u otra forma, surgirán diferentes tonos cromáticos.
Experimenta y déjate llevar por los tonos.

Esta cuerda espacial se alarga por encima de un tubo, bordeando la meseta del norte. La piedra que cuelga de ella, tensa la cuerda. Al mover esta gran piedra, que parece colgar en el aire casi sin peso, la tensión de la cuerda puede ser modificada y con ella, cambia la frecuencia del tono.
Siéntate sobre la piedra y deja que tu peso sea parte del sonido.